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Murcia Habitable

Una voz al viento

Santiago Delgado: Medina Zahara, hoy

Santiago Delgado: Medina Zahara, hoy
Me llevan a ver, en Córdoba, la famosa Medina Zahara. O, como la cursilería neoárabe quiere, Madinat Al'Zahra. Pronunciado como con la garganta. Esta ciudad-palacio fue construida por el tercero de los Abderramanes, no por el amor-pasión de su favorita, sino por el prurito de fundar ciudad, propio tan sólo de Califas, que es lo que él quería ser. Si le puso el nombre de su favorita del momento, eso fue otra cosa.
Aprovechó un acueducto romano que abastecía a Córdoba, para dotar del líquido elemento a su ciudad nueva. Y es que los árabes aprovecharon, y aprendieron, mucho de los romanos. Cuánto de lo que tradicionalmente tenemos por árabe, no fue sino romano en origen. Tal como el mismo nombre de Murcia, siglos creyendo que era nombre árabe, y resultó latino. Lo mismo pasa con los famosos patios cordobeses. No eran sino el impluvium de las casas romanas. Por cierto, la Córdoba romana cada día se impone más en monumentalidad a la árabe. La reconstrucción del teatro romano de la ciudad levantaría un monstruo de ciento veinte metros de escenario en medio de la ciudad. Otro tanto el circo. O las ruinas arrasadas en 1991, para el AVE, del Palacio del Obispo Osio, el del Concilio de Nicea, si no recuerdo mal.

Y es que va siendo hora de pasar la página de la leyenda áurea de lo árabe sobre el mejor pasado de Andalucía y de España. La España romana, Hispania de los visigodos, era todavía mucha Hispania, mucha. Gran parte de ella se perdió por causa del aislamiento que la invasión, por la espada, árabe y bereber, produjo respecto del resto de la Romania. Si los árabes tuvieron auge, no fue sino después de dos siglos largos, casi tres, y después de cargarse lo hispano-romano y visigodo. Fue una cultura intrusa en el decurso de la era cristiano-mediterránea que ya llevaba siete siglos asentada.

Lo árabe como hermoso es un invento romántico que ya va siendo hora de revisar. Y hora de volver a apreciar lo romano como eje alrededor de lo cual se fue forjando la idea de la península como unidad. Medina Zahara no me ha producido, ni estética, ni arquitectónicamente, ninguna emoción más que la de haber conocido de cerca, la vanidad califal, mayor que la de los reyes cristianos, que eran quienes se creían puestos por Dios en su trono. Recordaba con una tenue sonrisa interior aquella conseja que decía que los embajadores cristianos se postraban ante el tercer secretario del Visir, que los recibía ante la puertas de la ciudad-teatro, creyéndolos el Califa mismo. Al Califa nunca lo veían, y el pobre castellano o leonés quedaba en ridículo para la Historia. Pues no, lo que ha quedado para la Historia es la insufrible vanidad, cercana a la deificación de los emperadores romanos, del autoproclamado Califa. Vale.
Publicado en El Faro

Constitución o prostitución

Constitución o prostitución

Como ciudadano de a pie entre el común de los mortales, al que pertenezco, pero ferviente adepto y admirador de la convivencia pacífica que durante veintiséis años ha reinado entre todos los españoles, gracias a la unificadora Carta Magna creada con tanta paciencia, sabiduría y talante, por sus progenitores políticos, allá por los años 78-79, empiezo a preguntarme, con mucho recelo e inquietud, si no estaremos asistiendo, súbitamente, a una especie de “prostitución” larvada del contenido substancial de la Constitución que con tanta fuerza esperanzadora reunió a todos los españoles, no solamente en un mismo sentir, sino también en un mismo entendimiento, compartidos por  todas las ideologías políticas y doctrinales, y, por encima de todo, quizá, en esa misma libertad de acción y de pensamiento que tanto anhelaban  alcanzar todos los ciudadanos del post-franquismo. Me explico.

Mientras que el precedente ministro de la Defensa afirmaba en los desfiles militares que “en España sólo cabe lo que cabe en la Constitución”, el señor Zapatero hablaba de “doctrinas interesantes” refiriéndose a las pretensiones nacionalistas de ciertas Autonomías (Cataluña, el País Vasco…). Mientras que el mismo Presidente del Gobierno invitaba, no hace mucho, a ciertos presidentes de Autonomías a la recepción organizada por el ejecutivo para recibir a Mr. Chirac en Zaragoza, algunos, recientemente aureolados de exigencias independentistas, ni siquiera se dignaron a presentarse, aunque sólo fuera por cortesía. Mientras que la política exterior del actual Gobierno se desmoronaba en sus relaciones con América, al ser considerara ésta última como antagónicamente bélica para la humanidad, en política europea, pese a la sonora bofetada que los aspirantes a la independencia, en propio suelo español, le acababan de administrar, el señor Zapatero, haciendo caso omiso o para hacerse la ilusión de que España todavía pertenecía a las grandes potencias económicas, sigue distribuyendo apretones de manos y esbozando sonrisas en sus encuentros con Francia, Alemania y países sudamericanos (enemigos de América), los cuales, como todos sabemos, sólo optan por resoluciones económicas que vayan siempre a su favor y no al de España.

 Por si fuera poco, desde el nuevo cambio de gobierno, asistimos a un revuelo incesante en todos los ministerios, en las Autonomías y municipios socialistas, como si de un gigantesco laboratorio en revolución genética se tratara. Veamos.

¿La religión estorba al neo-puritanismo laicista? Pues, ¡fuera de los colegios! ¿Las escuelas concertadas estorban?  Pues, se crean nuevas cartas escolares para que los alumnos sean mayoritariamente inscritos en las escuelas públicas, suprimiendo por razón de Estado la “libre opción” inscrita constitucionalmente que tienen todos los padres para escoger la enseñanza y educación que mejor les parezca en el centro escolar que estimen el más adaptado para sus hijos.

¿La nueva ley de la enseñanza votada por el antiguo régimen de gobierno no conviene a la triste ideología de los nuevos electos? Pues, ¡se suprime con un plumazo de Ley! Una enseñanza “igualitaria”, sin talento ni esfuerzo, es, al parecer, la que mejor preparará a los jóvenes para ser los corderitos favoritos  de un Gobierno que los manipulará a su antojo.

¿Los belenes con años de tradición cristiana sobran en las ciudades que se dicen “progresistas”? Pues, ¡se prohíbe su instalación! como ocurrió en Gijón, el año pasado. Claro que, a este paso, dentro de poco, siguiendo la lógica de esta nueva y ardiente sed de depuración laicista, la interdicción de celebrar las fiestas religiosas será dictada, también, por razón de Estado. Ahora bien, el  problema que van a tener estos nuevos legisladores, llegados con el látigo al templo de la única verdad universal que sólo ellos poseen y que, por lo tanto, quieren implantar, será el de resolver de qué manera van a reemplazar los numerosos sacrosantos “puentes” festivos que las conmemoran y cómo van a encontrar nuevos sucedáneos paganos, como en los tiempos gloriosos de los romanos, a las fiestas carismáticas, tales como la Pilarica, la Inmaculada, la Virgen de Covadonga, la Natividad... por no citar que algunos memorables ejemplos, y que, todavía hoy, desean celebrar, por convicción cristiana, millones de españoles...

¿La “tele-basura”, tanto pública como privada, y las películas de violencia y sexo son nocivas para la educación de los niños? Pues, se establece un obligado consenso entre todas las cadenas televisivas para que no aparezcan (¡) en horarios que los niños puedan ver, y todo el mundo tan contento. ¿Sabia manera de tapar, hipócritamente, un desvío moral para abrir cavernas de consensos de inmorales libertinajes? Porque, a partir de las 22 h. el sexo, la violencia y las discusiones de corral, vuelven con todo su apogeo en las pequeñas pantallas. Incluso, hay emisiones semanales en ciertas cadenas que se pasan las horas muertas enseñando al incauto telespectador, por ejemplo, ¡cómo utilizar, sin peligro, el pene en todas las posiciones, en todas las ocasiones, con todas o con todos, y de la más grata y mejor manera posible! ¿Estarán todos los niños acostados y vigilados a esa hora? ¿Se acostarán soñando en los angelitos que los demonios de la inmoralidad derrotarán en cuanto alcancen los 13 años…? Por otro lado, ¿los homosexuales quieren casarse? Pues, se crea plana y sencillamente una nueva ley de matrimonio para ellos. ¡Qué más da! Lo importante es recoger votos de donde salgan para mantenerse en el poder. ¿La señora vicepresidenta del ejecutivo estima que “ los jueces y los curas” no comprenden, ni quieren aceptar los mandamientos del gobierno actual, impuestos con la  precipitación que le caracteriza y sin hacer el más mínimo caso de los argumentos que estos últimos presentan en contra? Pues, ¡vade retro Satanás! se les acusa, con ese nuevo y espléndido “talante” que demuestra el Gobierno, de “inmovilistas y tenebrosos”(¡), es decir de seres de un planeta lejano que sólo piensan en frenar los maravillosos avances de un socialismo progresista, ¡atado de pies y manos al obligado pacto exigido por las minorías radicales que le permiten gobernar!

Así son las cosas, y suma y sigue, porque los intempestivos mazazos ministeriales, tal  y como está el patio político, continuarán seguramente cayendo sobre las  indefensas cabezas de los ciudadanos a una velocidad vertiginosa. Y lo peor es que los incondicionales seguidores, que apoyan tales actuaciones y decisiones, parecen contagiarse de repente del mismo espíritu de estimulada necesidad. Que las Autonomías, como es lógico, quieran lo mejor para cada una de ellas, es lógico y alentador para la solidaria prosperidad de todos los españoles. Pero que un puñado de presidentes y sus acólitos quieran jugar a ser reyezuelos, en el Estado español, ¿no es una tremenda contradicción constitucional? ¿No será porque estos señores, muy bien instalados en el poder, gracias a una política cada vez más partidista en la que se apoyan, también quieren salvaguardar los salarios astronómicos de los que se están beneficiando? Que los alcaldes hagan caer la lluvia y traigan el buen tiempo a su antojo en los municipios, sin tener en cuenta para nada la opinión de los ciudadanos y sin cumplir sus promesas electorales, ¿no es también una pura contradicción constitucional?

“Amar la Constitución es mejorarla”, dijo solemnemente, en su tiempo, otro de los ministros socialistas. Muy bien dicho. Pero “mejorar la Constitución”: ¿no es respetar lo que “sólo cabe en ella”, como vaticinó, tan imperiosamente, su colega de la Defensa? ¿O también consiste en introducir en ella, como ahora se pretende, todo lo que pueda sustentar y legitimar las ideologías, los intereses y ambiciones de todos aquellos que. el tiempo que dura una elección, tienen y manejan el poder en cualquier ámbito en el que se encuentran? Mejorar, ¿no significará, al contrario, estar al servicio de la Constitución,  adaptándola, ¿por qué no?, a las evoluciones inevitables de nuestro mundo moderno, pero sin envenenar el centro vital de su meollo, es decir la unidad de todos los españoles?

Lo que sí es cierto es que no cabe en la cabeza del común de los mortales que, tras veintiséis años de unión pacífica, de respeto a todas las ideas políticas y doctrinales, se dé la vuelta a la Constitución, como si de una tortilla a la española se tratara, para volver a empezar lo que ya se logró, veintiséis años atrás. ¿Si cada gobierno, central o autónomo, cocina la tortilla a su gusto, a dónde vamos? ¿A la Constitución o a una lamentable “prostitución” permanente de intereses y ambiciones particulares, de doctrinas e ideologías partidistas que sólo aspiran al poder y a las ventajas que conlleva, saltando alegremente de una legislatura a otra, cuyas consecuencias están comprometiendo, grave e irreversiblemente, la formidable convivencia entre todos los españoles que con tanto fervor y esperanza se ha sabido  conquistar  a través de las vicisitudes dramáticas de la Historia que todos conocemos?...

¿Qué maravillosa y desinteresada (¡) casa de Edición podrá colocar sobre nuestros felpudos algún panfleto, parecido al del “Construyendo Asturias”, con el título de “Construyendo España” para mayor desesperación de los ya desahuciados ciudadanos…?

Publicado en: El Comentario TV

Agresiones sexuales; carta de una victima.

Agresiones sexuales; carta de una victima.
Una ley pusilánime que deja a las vícitmas desamparadas ante el delíto.
Escribo esta carta para explicar mi caso. El pasado miércoles, 6 de septiembre, sufrí una agresión sexual en Madrid, en el paso de peatones que cruza la autopista desde la estación de tren de Las Matas hasta la parada del autobús 625. Puse una denuncia y tanto la Guardia Civil como la Policía Local actuaron con rapidez. Detuvieron al agresor, que ya había agredido ese mismo día y en ese mismo sitio a otras mujeres, y que en el momento de la detención continuaba allí.
 El caso es que ese individuo fue puesto en libertad provisional el viernes 8 de septiembre porque tiene trabajo y domicilio y está «deprimido», y por tal motivo no existe riesgo de huida. El caso es que ese individuo está en la calle. Yo no puedo dormir y ahora, por el hecho de poner una denuncia, él sabe mi nombre. Yo lo único que tengo es un «papelito» que pone que no se puede acercar a mí a menos de 500 metros.
Y me pregunto: ¿esto es justicia? A mí no me importa si huye; si se va lejos, pues mejor. Lo que me preocupa es que me vuelva a atacar, lo que me preocupa es que ese mismo día ya agredió a otras personas, lo que me preocupa es a cuántas más mujeres va a atacar este individuo hoy, mañana, dentro de un mes... Lo que me preocupa es que, por más leyes que se hagan, las mujeres seguimos siendo un trozo de carne a utilizar por seres repugnantes que salen con total impunidad. Lo que me preocupa es que se supone que es fundamental la protección de las víctimas.
Si no fuera porque constantemente tengo ganas de llorar me reiría de la protección que me da el «papelito» que a no ser que sea «mágico» no sé de qué me sirve.
María Isabel González Chico. Madrid
Publicado en MadridHabitable

viento del Sur

viento del Sur

Hojeo viejos álbumes de fotos familiares y reconozco rostros muchas veces vistos, pero sólo allí, en la cartulina parda o amarillenta. Aquellas imágenes me recuerdan que a lo largo de todo el continente americano tengo parientes con quienes nunca he cruzado una palabra, veo niños probablemente ya muertos de viejos y cuyos descendientes nada saben de los de aquí. En Puerto Rico, Cuba, México, Argentina, Chile, Estados Unidos hay gentes todavía próximas por los apellidos –dejémoslo en los cuatro primeros, es decir, mis cuatro abuelos– y que en alguna ocasión han dado señales de vida tras verme en una televisión de por allá, queriendo indagar el pasado, intentando una reconstrucción imposible. Tal vez conservan fotos similares a las mías en las que aparecen mis antepasados directos, tan enigmáticos para ellos como los suyos para mí. Por la ambientación se colige que a unos les fue mucho mejor que a otros y que quizá dan más garantías de mantener el apellido, cualquiera de los cuatro. Pero son escenas y caras de hace setenta u ochenta años: sabe Dios lo sucedido. Si pasamos a mi generación y la siguiente podemos repetir la plantilla pero ahora en Europa y, desde luego de forma directa, con personas concretas y queridas. Todos ellos componen mi "gente" (gens en latín, familia, linaje, estirpe, raza). Unos emigraron, otros quedaron. O quedamos.

Nada de lo antedicho tendría la menor importancia –nostalgias familiares aparte– si casi todos los lectores no pudieran exhibir álbumes semejantes, parientes por igual desconocidos, emigrantes nunca retornados. Y no ignoramos que todo este discurso fluye entre literatura –mejor o peor– y melancolía, pero, de pronto, lo arrojamos a las páginas de los diarios o a lo poquito que –de hecho– informan las televisiones y el chapuzón es revulsivo en aguas gélidas, o hirvientes. Un 30 % de los africanos arribados ilegalmente a Canarias en las últimas semanas padece enfermedades pavorosas (sida, sífilis, tuberculosis, hepatitis); los inmigrantes suman ya entre un 8 y un 10 % de la población de España, la mitad en situación irregular; en Madrid hay un millón de recién llegados que hace cuatro años no estaban; en la misma región la proporción de extranjeros es del 20 %; la integración es muy desigual, según las procedencias; la regularización de Caldera nos ha echado encima otro millón de personas; una parte, por fortuna mínima pero activa y visible, de los venidos son delincuentes o mangantes; circulan alegres las fantasías de la izquierda que, al quedarse sin tropa, pretende rehacer con ellos su ejército de proletarios; inquietud de los pobres de por acá que ven cómo el problema lo sufren y lo van a sufrir ellos, no los cebrianes ni polancos; el gobierno actual no tiene la menor idea de qué va a hacer ni ganas de hacerlo...

El asunto se presta a demagogia fácil. Jovencitos, o talluditos, sin responsabilidad ninguna sobre los acontecimientos ni sobre las soluciones, intentan abrumarnos con pavadas como "ciudadanos del mundo", "el mundo es de todos", "ninguna persona es ilegal", abandonados ya los lemas cristianos por ir poco a la moda ("Son nuestros hermanos", "Dios es de todos", etc.): hasta Caritas evita hablar de "caridad" y se ha sumado a la palabra hoy en el candelero, solidaridad. Aunque unos y otros, en realidad, están practicando la caridad y no otra cosa. Al "sólo ellos trabajan y nosotros los explotamos" de los progres se une el campanudo veredicto de expertos y analistas ("Sin ellos no hay desarrollo posible"). En alguna ocasión, no faltan economistas que se van de la lengua y centran la cuestión en términos más realistas y crudos: podría haber el mismo desarrollo, pero saldría más caro. Con lo cual ya nos vamos acercando un tanto a la auténtica configuración del poliedro: miseria o pobreza en enormes partes del planeta; creación entre esas gentes de expectativas de consumo y vida mejor, con frecuencia infladas artificialmente por los medios de comunicación (¡aquellos albaneses prestos a cruzar a nado el Canal de Otranto tras contemplar las vajillas de oro en las películas!); "occidentales" (algunos, vaya) que apuran y sorben cualquier resquicio del economicismo para engordar, incluso a costa de los inmigrantes por quienes salen valedores; ternurismo y aprovechamiento de los buenos sentimientos; tendencia universal, en todos los grupos humanos, de moverse cuando lo necesitan, o si vislumbran un beneficio al desplazarse... Así ha sido siempre y lo hemos denominado invasiones bárbaras, hordas de Atila o Gengis Khan, conquista y colonización de América, emigración al Nuevo Mundo, hacer las Américas, expansión islámica, "Go West". Por las buenas o por las malas, o soluciones mixtas, como arrogantes y rapaces dominadores, o como pobres gentes a quienes se sometía a desinfección y cuarentena, los seres humanos han salido –muchas veces huido– del terruño para no volver, o para hacerlo sólo como triunfadores.

Nada hay de nuevo en ello, ni de malo. Todo depende de la forma en que se produzcan la llegada, el afincamiento, la integración: el tiempo y el espacio, las secuelas que deje en los receptores y en los mismos inmigrantes. Sabido es el chistecito de por allá: en tanto mexicanos y peruanos descendían –es un decir– de aztecas e incas, los argentinos descendían de los barcos. Pero no cuela el conminatorio reproche proferido en España, en nuestros días, por hispanoamericanos que, de ordinario, buscan algo, aunque no más sea humillar y amolar a los oyentes: "Nosotros –marcando bien lo de "nosotros"– acogimos a los españoles hambrientos y "ustedes" –con el "ustedes" igualmente bien resaltado– maltratan a los que vienen". Y no cuela porque es demasiado evidente que ni unos ni otros vivimos aquellos momentos y por tanto no podemos adjudicarnos méritos ni exigir agradecimientos, o darlos; por otro lado, no todos los casos fueron –o son– iguales, ni a todos recibieron con banda de música y fuegos artificiales ("gallego", en Argentina, sigue siendo un insulto despectivo), ni todos recibieron más de lo que dieron (habría que matizar los casos, lo cual no podemos hacer aquí), aunque, en general, la inmensa mayoría de los españoles en América se enraizó de nuevo, amó a su tierra de adopción y allá quedaron, todo normal. Y pocos he visto, incluso en poco boyantes circunstancias económicas, que no estén profundamente agradecidos e integrados, actitud que –dudo mucho– sea la de quien se vale del reproche retrospectivo como arma arrojadiza contra el país en que ahora vive. Si bien debemos reconocer que en esas actitudes cuentan mucho los factores individuales de personalidad, de cualidades humanas.

Pero aquí y ahora, en lo inmediato, no es mucho pedir que los inmigrantes, sea cual sea su procedencia, trabajen, respeten las leyes del país y traten, sin retorcimientos ningunos, de integrarse en una sociedad abierta como pocas en el mundo. Y tampoco es demasiado exigir a los gobiernos de España –éste y los que vengan– que pongan orden y garanticen una permanencia estable y digna a los extranjeros cuya presencia no dinamite la economía, la Seguridad Social, la Medicina, el sistema educativo, la convivencia en las calles de España y de los españoles, dentro de nuestras necesidades y posibilidades. Y también es función del gobierno español obligar a los países africanos o árabes a readmitir a sus propios ciudadanos –si aquí no pueden quedar– por encima de la picaresca dolosa de presentarse en una playa sin documentación: ¿se imaginan qué ocurriría a un español que en esas condiciones intentase infiltrarse en Gambia, Camerún o Marruecos?

Autor Serafín Fanjul

No guardes silencio

No guardes silencio

Considerando: 

1. Que no puede haber auténtica paz sin respeto a la vida.

2. Que el aborto provocado comporta la muerte violenta de una vida humana.

3. Que el derecho de la mujer embarazada a disponer de la necesaria información, no sólo de carácter médico sino también de índole social ante un posible aborto (R.D. 2409/1986 y Ley 41/2002), no es respetado, y que como consecuencia no hay consentimiento informado por parte de la mujer.

4. Que la legislación vigente sobre el aborto se incumple de manera pública y sistemática, tanto en cuanto a los plazos establecidos, como en cuanto a la aplicación de los supuestos de despenalización.

5. Que no existe una ley que ampare y apoye a la mujer embarazada y defienda íntegramente los derechos a la vida y a la salud de los hijos concebidos aunque lo fueren con métodos artificiales, obviándose la sentencia del Tribunal Constitucional de 11 de abril de 1985.

6. Que, no habiendo demanda social más allá de lo tipificado en el Código Penal vigente, se pretende imponer una ley de aborto que autoriza la destrucción de seres humanos hasta al menos las 14 semanas de embarazo.

7. Que el Tribunal Constitucional en la sentencia de 11 de abril de 1985, fundamento jurídico decimocuarto, establece que la objeción de conciencia existe en relación con la práctica del aborto, y es ejercitable al amparo directo de la Constitución.

Le instamos a que promueva las reformas legales oportunas que garanticen:

1. El establecimiento de un sistema legal que ampare y apoye con eficacia la maternidad y la paternidad como una necesidad social, promoviendo la conciliación de la vida familiar y la vida laboral para que las mujeres y los hombres puedan formar la familia a la que tienen derecho (Declaración Universal de los Derechos Humanos, 1948, artículo 16).

2. El acceso a una completa información a toda mujer que se encuentre ante una maternidad difícil, sobre la realidad del aborto y sus consecuencias físicas y psíquicas, así como de las ayudas y recursos existentes tanto públicos como de iniciativa social. Esta información debería ser requisito previo a todo aborto, y facilitada por centros distintos y profesionales médicos independientes de los que practican abortos.

3. La no ampliación de los supuestos de despenalización del aborto y el control por parte del Ministerio de Sanidad, de los Departamentos correspondientes de las Comunidades Autónomas, y de los fiscales, para que se cumpla lo que establece el Código Penal vigente. Exigimos, vista la práctica generalizada en centros privados, la constitución de una intervención pública sobre estos centros para garantizar el cumplimiento de la ley.

4. El incremento generoso de la cuantía y calidad de las partidas de los Presupuestos Generales del Estado destinadas a las ayudas a las familias (económicas, fiscales y asistenciales), al amparo del artículo 39 de la Constitución.

5. La objeción de conciencia sanitaria amparada por el artículo 16.1 de la Constitución como parte del contenido del derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa.

Para mas información: http://www.hazteoir.org

¿Por qué somos anticomunistas?

¿Por qué somos anticomunistas?

Robert de Herte

Las necesidades de la lucha a menudo oscurecen las razones. El movimiento se basta a sí mismo: no se se pregunta ya sobre las causas del compromiso. Esto es lo que ocurre con el anticomunismo, que se alimenta de las opiniones más contradictorias y constituye una zona de consenso ambigua, en la que, la Unión Soviética, estudiada en este número, constituye el punto de cristalización. La derecha es antisoviética, los liberales y los socialdemócratas también, sin olvidar a los marxistas criticos que piensan que Stalin "traicionó" a Marx, y los comunistas disidentes que supieron "tomar sus distancias". Alli no hay mas que confusión.

Nuestra oposición al comunismo es total, y no tenemos ningun deseo de vivir en un régimen soviético. Es innecesario decir eso, pero es bueno decirlo. Pero pensamos también que el anticomunismo debe encontrar su fundamento en otra parte que en sí mismo; que la hostilidad hacia el Kremlin no debe servir de pretexto para aceptar otras lealtades; y que la política tiene sus leyes propias, que no estan ligadas ni a la moral ni a la ideología.

Nuestro anticomunismo no tiene, pues, nada de "primario". Él se deriva de una oposición al universalismo igualitario, del que el comunismo no es más que un representante entre otros. No podría pues, a nuestros ojos, servir de coartada para aceptar, en particular, un liberalismo que se sitúa en la misma filiación genealógica, que cree también en la igualdad "natural" de todos los seres humanos, y que ve también en la economía el paradigma por excelencia de todos los hechos sociales. (Recordamos oportunamente que la sociedad existente que más se acerca a la sociedad comunista ideal tal como Marx la describió es la sociedad americana).

Los liberales, impulsores del antisoviétismo contemporáneo, razonan de forma diferente. Los objetivos de Marx les parecen, a menudo, totalmente aceptables. Son los medios para realizarlos lo que rechazan. Cuando critican el régimen soviético, es para denunciar los "ataques a la libertad", la "ferocidad de la represión" y la violación del sacro santo principio de los "derechos humanos". Y si critican su doctrina, es con la intención de poner de manifiesto que desembocara inevitablemente en el "despotismo". Esta opinión es un poco simple. El despotismo es, sin duda alguna, criticable. Pero el comunismo no se resume al hecho de que contradice la "libertad". (Y por otra parte, no es el unico que lo hace. La subversión, infiltración, el espionaje, los asesinatos y los golpes de Estado son métodos tanto de la CIA como de la KGB). No todos los anticomunismos tienen, pues, el mismo valor.  Que una derecha antes más segura de sus principios en Viena, sobre este tema acepte la crítica liberal dice mucho sobre su ceguera, y explica porqué algunos militantes de la "preferencia nacional" prefieren sobre todo... al régimen de Reagan.

En cuanto a la libertad, decimos claramente que hay una que, para nosotros, precede a todas las otras: es la libertad colectiva, la libertad del pueblo y de la nación. En este fin de milenio, es la libertad sobre todo de Europa la que nos ocupa. El concepto de "Occidente" es un concepto vacío de sentido, que permite a Estados Unidos de América hacer la ley sin declararlo abiertamente instituyéndose como el "líder natural" de este ectoplasma. La URSS procede así mismo pretendiendo actuar como el centro del socialismo real. Americanización por una parte, rusificación en la otra. Los Estados Unidos: un futuro sin pasado; la URSS: un pasado sin futuro. Al Oeste: el inmovilismo bajo la efervescencia. Al Este: la dinámica bajo la estabilidad. Los Estados Unidos funcionan según la lógica del espacio, la URSS juega al factor tiempo. A eso se añaden las dificultades de la geopolítica: el "bloque continental" es una realidad. El comunismo es una bonita palabra - la doctrina del "bien común" -, pero que hizo mala. Condenamos a los que dicen: "rojos antes que muertos". También a los que aceptan ser "americanos más que soberanos". Rechazamos a las dos superpotencias cosmopolitas, retoños de un mismo movimiento que sucesivamente engendro al liberalismo y a el comunismo. Nunca se evitara una dictadura aceptando otra tirania.

[Éléments n°57-58, primavera de 1986]

 

Dos años con ZP y el PP

Dos años con ZP y  el PP

Algunos ya veiamos venir lo que se avecinaba con ZP. No era muy dificil a raiz de la campaña electoral socialista, 200 muertos incluidos, en la que nos demostraron la capacidad de estos energúmenos, carentes de prejuicios, de encender los animos de la gente a fin de explotar su lado irracional arrastrandoles a tomar decisiones arriesgadas o perjudiciales para el bien público. Lo que vulgarmente se llama demagogia y que estos caraduras han convertido en programa electoral y lo que es mas grave, en las bases de su gobierno.

Pero siendo objetivos, la culpa de este desaguisado, que no nos engañemos, puede que ya no tenga solución, la teneis vosotros. Honrados ciudadanos bienpensantes, a los que os horrorizaba las imagenes de tv sobre Irak, cuando os importó siempre una mierda los cadaveres que la derecha ayer ( algunos no hemos olvidado quien asesinó a nuestro camarada Juan Ignacio) y la izquierda ayer, hoy y siempre sembraban en nuestra tierra.

Fuisteis como borregos a votar a ZP y ahora debereis pagar la factura que tanta idiotez genera y esa os va a salir muy cara... siempre es un consuelo.

Vuestros hijos lo tendrán mas facil para crear esa Patría justa y libre con la que soñabamos cuando éramos mas jovenes y poseíamos buena fé, solo deberán aspirar a ser menos mierdecillas que sus padres, viendo lo que hay... es bastante facil.


laotraeuropa@hotmail.com

Para Meditar

Para Meditar

 Reproducimos la columna publicada por Arturo Pérez-Reverte en "El Semanal". Con el título " Por qué van a ganar los malos" el 19 de febrero del 2006. Vitar la web http://www.capitanalatriste.com
" De la movida mahometana me quedo con una foto. Dos jóvenes tocados con kufiyas alzan un cartel: Europa es el cáncer, el Islam es la respuesta. Y esos jóvenes están en Londres. Residen en pleno cáncer, quizá porque en otros sitios el trabajo, la salud, el culto de otra religión, la libertad de sostener ideas que no coincidan con la doctrina oficial del Estado, son imposibles. Ante esa foto reveladora –no se trata de occidentalizar el sano Islam, sino de islamizar un enfermo Occidente–, lo demás son milongas. Los quiebros de cintura de algunos gobernantes europeos, la claudicación y el pasteleo de otros, la firmeza de los menos, no alteran la situación, ni el futuro. En Europa, un tonto del haba puede titular su obra Me cago en Dios, y la gente protestar en libertad ante el teatro, y los tribunales, si procede, decidir al respecto. Es cierto que, en otros tiempos, en Europa se quemaba por cosas así. Pero las hogueras de la Inquisición se apagaron –aunque algún obispo lo lamente todavía– cuando Voltaire escribió: «No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero lucharé hasta la muerte para que nadie le impida decirlo».

Aclarado ese punto, creo que la alianza de civilizaciones es un camelo idiota, y que además es imposible. El Islam y Occidente no se aliarán jamás. Podrán coexistir con cuidado y tolerancia, intercambiando gentes e ideas en una ósmosis tan inevitable como necesaria. Pero quienes hablan de integración y fusión intercultural no saben lo que dicen. Quien conoce el mundo islámico –algunos viajamos por él durante veintiún años– comprende que el Islam resulta incompatible con la palabra progreso como la entendemos en Occidente, que allí la separación entre Iglesia y Estado es impensable, y que mientras en Europa el cristianismo y sus clérigos, a regañadientes, claudicaron ante las ideas ilustradas y la libertad del ciudadano, el Islam, férreamente controlado por los suyos, no renuncia a regir todos y cada uno de los aspectos de la vida personal de los creyentes. Y si lo dejan, también de los no creyentes. Nada de derechos humanos como los entendemos aquí, nada de libertad individual. Ninguna ley por encima de la Charia. Eso hace la presión social enorme. El qué dirán es fundamental. La opinión de los vecinos, del barrio, del entorno. Y lo más terrible: no sólo hay que ser buen musulmán, hay que demostrarlo.

En cuanto a Occidente, ya no se trata sólo de un conflicto añejo, dormido durante cinco siglos, entre dos concepciones opuestas del mundo. Millones de musulmanes vinieron a Europa en busca de una vida mejor. Están aquí, se van a quedar para siempre y vendrán más. Pero, pese a la buena voluntad de casi todos ellos, y pese también a la favorable disposición de muchos europeos que los acogen, hay cosas imposibles, integraciones dificilísimas, concepciones culturales, sociales, religiosas, que jamás podrán conciliarse con un régimen de plenas libertades. Es falaz lo del respeto mutuo. Y peligroso. ¿Debo respetar a quien castiga a adúlteras u homosexuales? Occidente es democrático, pero el Islam no lo es. Ni siquiera el comunismo logró penetrar en él: se mantiene tenaz e imbatible como una roca. «Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia», ha dicho Omar Bin Bakri, uno de sus los principales ideólogos radicales. Occidente es débil e inmoral, y los vamos a reventar con sus propias contradicciones. Frente a eso, la única táctica defensiva, siempre y cuando uno quiera defenderse, es la firmeza y las cosas claras. Usted viene aquí, trabaja y vive. Vale. Pero no llame puta a mi hija –ni a la suya– porque use minifalda, ni lapide a mi mujer –ni a la suya– porque se líe con el del butano. Aquí respeta usted las reglas o se va a tomar por saco. Hace tiempo, los Reyes Católicos hicieron lo que su tiempo aconsejaba: el que no trague, fuera. Hoy eso es imposible, por suerte para la libertad que tal vez nos destruya, y por desgracia para esta contradictoria y cobarde Europa, sentenciada por el curso implacable de una Historia en la que, pese a los cuentos de hadas que vocea tanto cantamañanas –vayan a las bibliotecas y léanlo, imbéciles– sólo los fuertes vencen, y sobreviven. Por eso los chicos de la pancarta de Londres y sus primos de la otra orilla van a ganar, y lo saben. Tienen fe, tienen hambre, tienen desesperación, tienen los cojones en su sitio. Y nos han calado bien. Conocen el cáncer. Les basta observar la escalofriante sonrisa de las ratas dispuestas a congraciarse con el verdugo."